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Soluciones contra la pobreza energética en la Cumbre de Marruecos

03 noviembre 2016

La Fundación Alternativas, representada por su coordinadora del Área de Sostenibilidad, Ana Belén Sánchez, participó en la Cumbre de la Conciencia Climática, que se celebró en la ciudad marroquí de Fez y cuya organización corrió a cargo del Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos.

Sánchez, que intervino en el taller sobre Derechos Ambientales y Dignidad Humana, comenzó su alocución recordando que la “pobreza energética” se define “como la falta de alternativas para acceder a una energía fiable, segura y ambientalmente sostenible que satisfaga las necesidades sociales y económicas de todos”.

Según datos recientes de la Agencia Internacional de Energía, 1.300 millones de personas no tienen acceso a la electricidad, 2.600 millones dependen de la biomasa y 1,3 millones mueren cada año debido a la contaminación. Cabe recordar que la población mundial es de 7.000 millones.

Sánchez advirtió que si se cubrieran las necesidades energéticas de los 1.300 millones de personas sin electricidad con combustibles fósiles, “el CO2 y otras emisiones contaminantes crecerían de tal manera que la temperatura del planeta aumentaría en unos dos grados”, por lo que las energías renovables están llamadas a “cubrir las nuevos requisitos energéticos” del futuro más inmediato.

Otro de los beneficios de potenciar las renovables sería la creación de nuevos puestos de ‘empleo verde’, así como el descenso de los niveles de contaminación y la consiguiente mejora de la salud de las personas. Para ello, es necesario un desarrollo educativo con una base ecologista que posibilite un progreso social con mentalidad sostenible.  

La falta de energía es una barrera para la prosperidad económica y el acceso al Estado de Bienestar, ya que impide calentar la vivienda, cocinar, limpiar, iluminar, refrigerar, utilizar tecnologías como internet para informarse o hacer negocios, y ver la television.

 

Nigeria y las multinacionales

Sobre este punto, Sánchez subrayó que “los países con valores de índice de desarrollo humano más bajos son los que peor acceso tienen a servicios energéticos fiables y respetuosos con el medio ambiente. Nigeria es un ejemplo claro: a pesar de los enormes recursos naturales que posee el país, el acceso de la población a la energía es muy escaso y las actividades de extracción llevadas a cabo por multinacionales son una de las principales fuentes de contaminación”.

El menor coste de las tecnologías para el desarrollo de energías renovables y las soluciones energéticas de baja escala logradas en los últimos siete años han dado lugar a un mayor número de personas con acceso a energía. Destaca el caso de China, que ha alcanzado prácticamente la universalidad para toda su población. “Sin embargo, otros países aún deben redoblar sus esfuerzos para atender las necesidades de sus habitantes. Sólo el 15% de la población tiene acceso a energía en los países subsaharianos”, dijo Sánchez.

Como actuaciones más inmediatas para mejorar el panorama, Sánchez destacó la “promoción de fuentes de energía renovable a nivel comunitario; la puesta en marcha de programas de capacitación para que los usuarios puedan mantener sus propias instalaciones energéticas; y el desarrollo de actuaciones de reforestación que permitan la producción de biomasa sostenible que  detenga la desertificación”.

En los países desarrollados, la pobreza energética también afecta a una población significativa. En Europa, 52 millones de hogares están en riesgo de pobreza energética. En España, 5 millones de personas (de un total de 46) no pueden pagar la energía que necesitan para calentar o enfriar sus hogares, o para cocinar alimentos.

 

Educación e ingresos

Las causas de la pobreza energética son, principalmente, la falta de información sobre los precios de la energía y sus elevadas tarifas, y el uso de dispositivos electrónicos altamente ineficientes. El porcentaje de pobreza energética es casi cinco veces mayor entre los hogares con bajos niveles de educación que en los de educación superior, y el doble en las casas con un miembro de la familia enfermo. Los hogares monoparentales, con ancianos y los de bajos ingresos son más propensos a sufrirla.

Entre las actuaciones más necesarias para paliar este problema, Sánchez propuso la “rehabilitación de viviendas a gran escala para mejorar el rendimiento energético y aumentar el uso de energías renovables –solar térmica, fotovoltaica, biomasa, geotermia-; desbloquear los fondos públicos y privados disponibles para estos programas y priorizar a los más vulnerables; reducir el costo de la energía en los hogares con menos recursos; y tomar medidas para evitar que las empresas corten el suministro en caso de facturas impagadas”.

Sánchez también recordó que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece que el cambio climático aumentará la desigualdad de género, y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que los desastres naturales producen una mayor cantidad de víctimas entre las mujeres.

 


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