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Solana y Malcorra trazan el mapa político internacional

Ambos diplomáticos analizaron el momento actual de las relaciones intergubernamentales y el futuro de la Unión Europea y el continente americano

17 Enero 2019

Javier Solana, patrono de la Fundación Alternativas, y Susana Malcorra, ex ministra de Relaciones Exteriores de Argentina, protagonizaron en la Casa de América un ilustrativo diálogo moderado por Vicente Palacio, director (en excedencia) del Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la Fundación Alternativas. A lo largo de la discusión, los ponentes intercambiaron perspectivas acerca del estado actual de las relaciones internacionales, pasando por los Estados Unidos, China, Europa, América Latina y Oriente Medio.

El punto de partida de la vuelta al mundo se situó en la ciudad de Washington, sumida en un ‘impasse’ legislativo que coincide en el tiempo con el ecuador del mandato de Trump, quien mantiene un pulso con la nueva Cámara de Representantes de mayoría demócrata (lograda en las ‘midterms’ de noviembre) respecto a la financiación del prometido muro fronterizo con México. Palacio dio comienzo al debate refiriéndose al “debilitamiento de los pilares occidentales” y la fragmentación del orden internacional, tendencias exacerbadas por la renuncia de la Administración Trump a ocupar el rol de liderazgo que habían desempeñado tradicionalmente los estadounidenses en las instituciones multilaterales.

Para Javier Solana, el ‘America First’ que Trump defiende es una postura “disparatada” en un mundo globalizado, interdependiente y muy necesitado de “confianza estratégica”. Ante esta situación, el veterano político señaló la paradoja que supone que la nueva dirigencia del Banco Mundial recaiga en los EEUU. Por su parte, Susana Malcorra lamentó una desmedida atención mediática hacia la figura del presidente, alegando que la tendencia nacional-populista es una “onda expansiva que va mucho más allá de Trump”.

A continuación, tanto la ex jefa de gabinete de la Secretaría General de Naciones Unidas como el ex secretario general de la OTAN recordaron que el colapso de la Unión Soviética provocó una transición de un orden bipolar a uno unipolar, un orden “difícilmente sostenible” según Malcorra. El ex ministro de Asuntos Exteriores socialista quiso resaltar que la dinámica del nuevo siglo viene marcada por dos acontecimientos que se produjeron en 2001; uno de ellos es necesariamente el traumático once de septiembre. El otro, menos llamativo, fue la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, en diciembre del mismo año.

En ese momento, se sentaron las bases comerciales que llevarían al país asiático a convertirse en un gigante económico y geopolítico, un desafío a la hegemonía norteamericana que se ve reflejado actualmente en la agudización de las hostilidades verbales y comerciales entre ambas potencias. En relación al auge chino, Malcorra destacó la visión “economicista” con que aborda las relaciones internacionales el presidente Xi Jinping; una visión que no dista mucho de la que propone Trump, a pesar de las notables diferencias en el lenguaje empleado por ambos mandatarios. China hace especial énfasis en mostrarse capaz de liderar un nuevo orden inclusivo, basado en la reciprocidad y la confianza mutua, lejos del beligerante tono trumpiano.

La ponente argentina denunció que los grandes países se guían cada vez más por la “auto preservación” y la noción de que el tablero político internacional no es más que “un juego de suma cero”, una concepción problemática cuando se tienen en cuenta los desafíos globales a los que se enfrenta la raza humana. En consecuencia, y ante el riesgo de una “implosión”, Malcorra ve necesario “repensar” el sistema. A su vez, en lugar de un “patrón hacia la derecha”, entiende los shocks electorales de los últimos años como un “movimiento de reacción a lo establecido”, causado por una falta de propuestas convincentes por parte del ‘establishment’ político.

Así pues, el distanciamiento entre las élites políticas y la ciudadanía surgido a raíz de la crisis financiera ha llevado a un “salto hacia lo desconocido”. Ambos coincidieron en que la “reacción constructiva” que algunos esperaban que catalizaría la hostilidad verbal de Trump hacia latinos “criminales” y “enemigos” europeos no se ha dado en la medida deseada, y tanto el ex ministro español como la ex ministra argentina enfatizaron la necesidad de mayor cohesión en la Unión Europea y en América Latina para poder desempeñar el papel de actores regionales relevantes, en un panorama internacional dominado por las superpotencias.

Respecto a América Latina, Susana Malcorra señaló la corrupción y el poder destructivo del narcotráfico como los grandes problemas que están frenando el potencial de crecimiento regional, refiriéndose a la desigualdad como la gran cuenta pendiente. Apoyada en su experiencia personal junto al presidente argentino, Mauricio Macri, en tanto que ministra de Relaciones Exteriores, también apuntó hacia las trabas en materia de integración económica y la debilidad institucional como factores que están reprimiendo el desarrollo de Sudamérica. Por su parte, Solana supeditó el futuro cercano de los países que están al sur del Río Bravo al tiempo marcado por las administraciones entrantes en dos naciones tan importantes como son Brasil, bajo el mandato del polémico Bolsonaro, y México, donde ya gobierna López Obrador.

CONFLICTO SIRIO

Siria fue otro de los focos de atención de la conversación. Ambos diplomáticos expresaron tristeza ante la perpetuación del conflicto, y frustración respecto a la imposibilidad de aprobar resoluciones determinantes en el Consejo de Seguridad de la ONU, vetadas una y otra vez por Rusia, y una de cada dos por China. Según Malcorra, los factores que están causando gran parte de la pérdida de confianza en el multilateralismo son precisamente la parálisis política generada por el veto y la unanimidad o, en su lugar, el titubeo calculador que se da cuando finalmente se aprueba una resolución.

Solana destacó el fuerte vínculo que existe entre lo que ocurre en las proximidades de Oriente Medio y lo que sucede en Europa, una conexión que frecuentemente pasa inadvertida; es más, a su modo de ver, la crisis humanitaria “más profunda” que ha vivido recientemente la Unión Europea -la oleada migratoria de 2015- ha tenido mucho que ver con la relativa quietud con la que se afrontaron los compases iniciales de la guerra civil siria. En definitiva, para él, es posible esbozar una relación que comienza con una cierta inacción en los esfuerzos de pacificación por parte de Europa, la cual contribuye al recrudecimiento del conflicto y al consecuente éxodo de refugiados hacia territorio europeo, que a su vez facilita el uso de la xenofobia como herramienta política, alimentando así la oleada nacional-populista en la que el continente se encuentra inmerso actualmente.

Ante una pregunta lanzada por un asistente respecto a la delicada situación de la Federación Democrática del Norte de Siria (coloquialmente conocida como ‘Rojava’), la región autónoma de mayoría kurda cuyo proyecto se basa en una interpretación laica, feminista y ecologista del confederalismo democrático, Solana se mostró preocupado por la posibilidad de que el territorio se convierta en escenario de “un infierno, enfrentados con Erdogan por un flanco y Assad por el otro”. Recordó el papel vital que ha desempeñado esta población en la lucha contra el disminuido Estado Islámico, y deseó que en caso de que se produjera una ofensiva encarnizada sobre esta región tan desconocida para la mayoría, la comunidad internacional interviniera a tiempo para “evitar que sufran más de lo que ya han sufrido”.

Para finalizar, Solana subrayó la protección de los “bienes públicos globales” como el concepto que debe imperar en el orden internacional, a lo que Malcorra destacó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible como el proyecto que debe abanderar el camino por recorrer para preservar la habitabilidad del planeta y colaborar por el devenir positivo de la calidad de vida de la población global. Una vuelta al mundo no podía acabar de otra manera que alejando la mirada para contemplarlo en su conjunto. El futuro no es ningún juego, y menos uno de suma cero: lo que se dirime es hacia qué niveles en el espectro positivo-negativo se dirige el planeta. Así lo perciben un físico madrileño y una ingeniera argentina que decidieron jugar un papel en el presente a través de la diplomacia.

TEXTO: Mateo Peyrouzet García-Siñeriz  FOTOS: Casa de América

 

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