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NOTICIAS

Problemas y desafíos del cambio climático

25 noviembre 2016

Los problemas y desafíos a los que se enfrenta la humanidad, a corto y medio plazo, en lo que se refiere al cambio climático y sus efectos en un bien tan necesario como el agua, y un recurso nutricional tan fundamental como la agricultura, no son menores. Así se desprende del encuentro organizado por la Fundación Alternativas –en la sede de la Comisión Europea y moderado por Ana Belén Sánchez, coordinadora de Sostenibilidad de la Fundación- bajo el título ‘Agricultura, Agua y Cambio Climático en España’, en el que se dieron cita algunas de las voces más autorizadas en la materia y que arrojaron varias de las claves para afrontar las dificultades e incógnitas venideras del calentamiento global.    

No cabe duda de que el cambio climático está en marcha, sólo unos pocos aún rebaten la idea, y de lo que se trata ahora es de encauzar las políticas, en todos los ámbitos, para reducir su impacto y poder llegar a niveles sostenibles de desarrollo sin dañar todavía más el planeta. “Está en juego el futuro de nuestros hijos y nietos”. Esta fue una de las frases más pronunciadas entre los ponentes, que destacaron por encima de todo la importancia de reducir las emisiones de gas de efecto invernadero para frenar el aumento global de las temperaturas.

Cristina Narbona, miembro de la Red Española de Desarrollo Sostenible y ex ministra de Medio Ambiente, manifestó su “perplejidad” por la negación de Donald Trump ante el calentamiento global, aunque confió en que el presidente electo de los Estados Unidos “no cumpla con sus amenazas” y respete el Acuerdo de París, en la línea que ha mantenido el mandatario saliente, Barack Obama.

La ex ministra recordó asimismo la “exigencia planetaria” de obtener una mayor equidad en lo que se refiere a la alimentación: “En la actualidad, 900 millones sufren de malnutrición, mientras que 1.500 millones comen más de lo que necesitan, con los problemas de salud que esto conlleva. Alimentación, agua y agricultura conforman el triángulo sobre el que bascula el futuro de la humanidad”. Y advirtió: “La acción del hombre está reduciendo la biodiversidad y no vamos a poder garantizar la nutrición de un mundo en crecimiento constante”.

Según Arturo Angulo, miembro de la Oficina en España de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el cambio climático no es una cuestión de futuro, sino un “problema real a día de hoy” que requiere profundos cambios en las políticas públicas a nivel económico y financiero que modifiquen los “actuales sistemas alimentarios”, que no encajan en absoluto con el “desarrollo sostenible que la Tierra necesita”. Este técnico en Políticas Públicas y Seguridad Alimentaria quiso además recordar, en el año internacional de las legumbres, que “su consumo ha descendido un 80% en los últimos treinta años en España; la recomendación es tomarlas entre tres y cuatro veces por semana, y estamos por debajo de una”.

 

Indicadores biológicos

Marta Piqueras, de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), advirtió de que “son muchos los indicadores biológicos” que nos alertan sobre el calentamiento global: “Se perciben sus efectos en las floraciones, en la maduración de la uva o en las plagas, como la procesionaria, que cada vez se da más al norte, cuando hace unos años era exclusiva de latitudes sureñas. Los agricultores se van adaptando a corto plazo, cambiando la variedad de cultivos o de suelos, pero viven en constante incertidumbre de cara al futuro”.

Si la actual tendencia de cambio climático continúa en España, la previsión es que la frecuencia de sequías aumente, siendo éstas más largas, habituales e impredecibles. Si no se actúa para frenar esta coyuntura, las consecuencias para los ríos y humedales, como Doñana o las Tablas de Daimiel, serán devastadoras, según todas las previsiones. En la actualidad, la mayoría de los ríos españoles sufren una extracción excesiva de agua para satisfacer las demandas de la agricultura de regadío, y algunas cuencas, como la del Guadalquivir, se encuentran altamente presionadas.

Según Ivanka Puigdueta, del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (CEIGRAM), “tenemos que modificar todo el sistema de producción y distribución del sistema agrario para intentar minimizar el impacto del efecto invernadero. El sur va a ser la zona más perjudicada por el calentamiento global, porque es la más propensa a la desertificación”.

Sin embargo, María José Alonso, de la Oficina Española de Cambio Climático, quiso lanzar un mensaje de optimismo en medio de tanta inquietud y desasosiego: “Tenemos que evitar transmitir el miedo a la sociedad; está en nuestras manos que los cambios que necesitamos se vayan produciendo, y debemos implicarnos desde todas la áreas: el sector agroalimentario está vinculado con muchos otros sectores de nuestra sociedad, como el energético o el de transportes. Nuestra obligación es producir mejor y tener claras nuestras preferencias, y en este punto los consumidores juegan un papel fundamental”.

Otra de las señales de que el calentamiento del planeta es una realidad que ya no se discute lo evidencia el viñedo, uno de los cultivos más extendidos en España y que más puestos de trabajo sostiene. En este sentido, Carles M. Gasol, de Inedit Innovación para la Sostenibilidad, aclaró que “la recogida de uva es cada vez más temprana”, lo que significa que cada año la fruta madura antes debido al aumento de la temperatura, mientras que “el agua se está convirtiendo en un bien escaso para los cultivos de regadío”.

Celsa Peiteado, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), subrayó que el cambio climático “no sólo tiene un impacto sobre la agricultura”, sino “sobre la biodiversidad en general”. Según esta ingeniera agrónoma, “la ganadería extensiva es fundamental desde el punto de vista ambiental; la intensiva mueve más dinero, pero a largo plazo es perjudicial para el medio ambiente” ya que genera gases de efecto invernadero, además de degradar el suelo y los recursos hídricos.

La situación de las aguas en España fue otro de los puntos debatidos en el simposio. Roberto González, de SEO Birdlife, denunció que “el urbanismo desmesurado desde los años noventa ha perjudicado mucho a humedales, cuencas y estuarios de los ríos: el Tajo, uno de los más importantes de Europa, no cuenta apenas con caudales ecológicos; y el Ebro presenta una situación dramática en varios de sus tramos, especialmente en el delta, donde ha perdido más de un kilómetro. Hay que recordar que cada metro cúbico de agua de este río garantiza 200 kilos de anchoas”.

 

Estado de las aguas

“Existe una normativa europea que obliga a conocer el estado de las aguas, tanto de superficie como subterráneas, y el estado de las españolas es deficiente y el desconocimiento de las subterráneas casi total. Las causas de la mala condición de nuestras aguas son la sobreexplotación, que pone en riesgo nuestras necesidades a medio plazo, y la contaminación. El panorama es muy preocupante y el cambio climático, a este paso, nos va a poner contra las cuerdas”, pronosticó Nuria Hernández-Mora, de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

Por su parte, Raquel Bravo, de la Subdirección General de Regadíos y Economía del Agua del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, buscó aportar una visión más positiva en la materia: “España es el cuarto país del mundo con más embalses, y eso es una fortaleza para hacer frente a las sequías. El regadío garantiza alimentos a diario y sin esta técnica no sería posible cultivar en muchas zonas del país, y además ha permitido fijar población al territorio. La industria agroalimentaria representa el 11% del Producto Interior Bruto, y tiene una importante tejido social vinculado a ella”. 

Para María Valle, de European Water Partnership, es necesario que todos los actores implicados “compartan sus conocimientos para favorecer la mejora de las cuencas hidrográficas”, además de evitar “malas prácticas como los vertidos. La comunicación y el conocimiento son fundamentales” para llegar a unos índices óptimos de desarrollo sostenible. Ana Gascón, representante de Coca-Cola Iberia, aseguró que el compromiso de su empresa con el medio ambiente es “absoluto y nuestros procesos productivos buscan siempre ahorrar y garantizar que todo el agua que devolvemos a los ríos es de mejor calidad que antes de ser tratada”.

 

DOCUMENTOS DE LOS PONENTES Y FOTOS: http://bit.ly/2gYgARL


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