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Las empresas que inviertan en sostenibilidad serán más rentables a largo plazo

17 junio 2021

La Fundación Alternativas organizó el debate on-line titulado ‘Resultados no financieros de la empresa (ESG): objetivos y métricas’, en el que se presentaron los informes ‘Empresa Responsable: Buen Gobierno y Transparencia’, de Marta de la Cuesta González, profesora titular de Economía Aplicada de la UNED; y 'Hacia una empresa sostenible por diseño: un modelo que facilite la distribución del valor entre los distintos grupos de interés', de Claudia del Prado Sartorius, consultora senior de Innovación.

Según el trabajo de De la Cuesta, pensar en el valor de la empresa a largo plazo y, por tanto, gestionar riesgos y oportunidades asociadas a la sostenibilidad y la RSC, es “sinónimo” de buena gestión y de tener “presente el largo plazo”. Sin embargo, la autora se pregunta: “¿Hasta dónde es interesado ser responsable y cómo deben abordarse las cuestiones más controvertidas donde hay un trade off entre beneficio empresarial y beneficio social?”.

A su juicio, el avance desde una “responsabilidad menos instrumental” a una más normativa dependerá de los efectos que las “externalidades negativas” producidas por determinadas conductas empresariales tenga “sobre la sociedad” en cada momento. Esto “condicionará” no solo la información a reportar de forma obligatoria por parte de las empresas, sino también el “coste financiero” de determinadas actividades empresariales, y las posible “sanciones económicas o penales” que ello conlleve a los máximos responsables de esas decisiones.  Y en ese avance “no hay que perder de vista a las pymes”, especialmente a las que tienen alto impacto o con riesgos elevados, quienes de alguna manera deberían incluirse en el ámbito de las “nuevas obligaciones con requisitos de información proporcionales a su tamaño e impacto”.

Según De la Cuesta, es “necesario superar las limitaciones de medición derivadas del carácter multidimensional y la complejidad del concepto de sostenibilidad. Respecto a la exposición a los riesgos del cambio climático, hay que ser conscientes de la dificultad de medir estos riesgos, derivada de su naturaleza transversal, compleja y a largo plazo”. Por lo que respecta a las “cuestiones sociales, éticas y de derechos humanos”, donde la materialidad financiera no es tan evidente, es “previsible” que no entren en la agenda regulatoria al mismo ritmo al que parece están haciéndolo las “cuestiones ambientales”.

Sin embargo, el “impacto” que determinadas conductas pueden tener en el devenir de nuestra sociedad exige “prestarle atención al mismo nivel”. Avanzar en una “taxonomía social”, y en definir los límites de determinadas actuaciones o abusos empresariales, es “imprescindible” porque no solo lo que tiene materialidad financiera “es RSC o sostenibilidad”, sino también lo son todos aquellos “impactos” que la empresa tiene en la sociedad, aunque no afecte a su “cuenta de resultados”, al menos a corto plazo. Lo difícil es encontrar un “punto de equilibrio” entre los potenciales conflictos de interés que puedan surgir entre diferentes stakeholders que satisfaga a todos, y en esa “conciliación de intereses” con el interés general “tienen mucho que decir los reguladores”.

La “propuesta legislativa” sobre Gobierno corporativo sostenible, prevista para junio de 2021, seguramente “ayude” en este avance. Las nuevas “obligaciones corporativas” previstas para llevar a cabo la diligencia debida “en materia de derechos humanos y medioambiente”, vendrán a poner luz sobre las “implicaciones” que tiene la responsabilidad de supervisión del Consejo sobre la “gestión de los riesgos, la estrategia y los objetivos de sostenibilidad”. Esta combinación de incentivos de “transparencia y buena gobernanza”, junto con el empuje de los “reguladores y mercados financieros”, reforzará la presión para que las empresas eleven la consideración de la sostenibilidad entre las “prioridades de la dirección y el Consejo de Administración.”

Por su parte, el documento de Del Prado, aclara que una empresa sostenible por diseño forma parte de un “ecosistema y está íntimamente ligada a todas las partes del mismo”, lo que conlleva un “impacto y una responsabilidad hacia ellas”, y busca crear valor “no sólo para sí misma, sino también para todos sus grupos de interés”. La creación de valor es “sistémica y global”, e integra a los grupos de interés directos -empresa- y externos -sociedad y planeta-.

Según la experta, “el valor no es un concepto lineal de crecimiento ilimitado. Cuando se integran los grupos de interés, se rompe la ecuación por la que maximizar la creación de valor es igual a maximizar los beneficios. Maximizar el valor sistémico es una cuestión de equilibrio entre la solidez económica para la propia empresa y el impacto positivo hacia su ecosistema y las diferentes partes interesadas”.

VISIÓN ESTRATÉGICA

Del Prado recordó que “transformar una empresa en un modelo sostenible por diseño es un proceso muy profundo, que exige cambios a todos los niveles de la organización”. La transformación incluye una visión estratégica -qué dirección tomar, cómo evolucionar como organización-, así como su declinación operacional y organizacional -toma de decisiones, priorización de proyectos e inversiones, cambio en la forma de trabajar de los equipos, incentivos-, e implica repensar y reinventar el objetivo mismo de la organización empresarial.

En este sentido, Del Prado presentó la Value Wheel, una herramienta para “ayudar a las empresas a integrar un modelo de creación de valor sistémico, tanto en la visión de la organización como en su declinación a nivel operacional. El objetivo final es orientar la organización hacia un modelo sostenible por diseño, gracias a decisiones que optimicen la distribución del valor entre las partes. Cada empresa tiene su propia rueda, ya que cada empresa tiene su propio modelo de creación de valor. Cada organización debe hacer el trabajo estratégico de definir sus grupos de interés y los indicadores asociados”.

También participaron en el debate Diego López Garrido, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas; Vicente Salas, profesor en la Universidad de Zaragoza; Victoria Salvador, Gerente de reporting ESG de Repsol; Nuria Rodríguez Peinado, directora de Merdioambiente y Responsabilidad Social de Naturgy; Ignacio Santillana, economista y patrono de la Fundación Alternativas; y Francisco Ros, ingeniero de Telecomunicación. 


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