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Celia Fernández Aller: 'La inteligencia artificial dialoga con el consumidor y se adelanta a sus necesidades'

Alternativas organizó la presentación online del documento 'El valor del dato en la economía digital'

02 julio 2020

La Fundación Alternativas organizó este jueves la presentación online de un documento titulado ‘El valor del dato en la economía digital’, de Celia Fernández Aller, doctora por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y especialista en Derecho y Nuevas Tecnologías; y María Mercedes Serrano, doctora en Derecho Constitucional por la Universidad de Castilla-La Mancha.

La revolución digital es una de las seis grandes transformaciones que los expertos consideran claves para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se trata de la cuarta revolución industrial, que incorpora la ubicuidad de la tecnología digital a la vida diaria y la fusión creciente entre los mundos físico, biológico y digital. Los avances tecnológicos clave incluyen, entre otros, el Big Data, la nanotecnología, la biotecnología, el Internet de las cosas, el 5G, la computación en nube y la inteligencia artificial. En este contexto, en el que la velocidad del cambio tecnológico es cada vez más vertiginosa, el debate giró en torno a una de las tecnologías más punteras, el Big Data, para conocer en qué consiste exactamente y las implicaciones éticas, sociales y de impacto en los derechos humanos que trae consigo. El seminario contó con la moderación de Inma Ballesteros, directora de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas.

Según Fernández Aller, los nuevos modelos de negocios se fundamentan en el “valor del dato”, ya que “estamos en un momento” en el que la tecnología de big data permite el “almacenamiento y la comunicación” de una gran cantidad de información, y además es la “base” de la inteligencia artificial. Estas tecnologías se están utilizando para “generar” valor económico. Por ejemplo, un ayuntamiento, a través de “sensores de vigilancia”, puede conocer los “movimientos de los ciudadanos”, y así “optimizar” el uso del transporte público, “generando una mayor eficiencia y ahorro de costes”.

Por su parte, Serrano aclaró que el big data es un conjunto de tecnologías que “permiten obtener información valiosísima”, y aportar soluciones concretas a “gran velocidad”, eliminando las barreras humanas para adelantar previsiones “en todos los ámbitos que nos podamos imaginar”. No obstante, la información de “nuestras actividades online” deja una serie de rastros de “nuestra forma de actuar, de nuestra intimidad, y todo esto queda diluido en la red, por lo que tenemos que ser precavidos”.

Para Fernández Aller, “estamos en un momento en el que, a partir del análisis de datos, generamos valor económico, y existen muchas oportunidades en el medio plazo. El marketing es uno de los campos donde más se utiliza el big data y la inteligencia artificial, ya que dan la posibilidad de predecir comportamientos y elaborar perfiles de clientes. La inteligencia artificial es capaz de dialogar con el consumidor y adelantarse a sus necesidades e, incluso, generarle nuevas necesidades”.

Serrano puntualizó que la “anonimización” debe ser diferenciada de la “pseudonimización”, y consiste en “separar la información” sobre una persona de los datos que la “identifican”. En el proceso de anonimización, esa “disociación” de la información de la identificación de la persona es prácticamente “irreversible”, mientras que en el proceso de pseudonimización se “arbitran” las herramientas y los mecanismos para volver a “unir la información” sobre la persona con su identificación. No obstante, con los avances actuales existen “dudas” sobre una “irreversibilidad” absoluta. Si la anonimización fuera “absoluta”, sería la herramienta más “perfecta” para poder garantizar la “privacidad e intimidad de los individuos”.

Fernández Aller recordó que cuando se trabaja con información personal, “no debemos olvidar todas las precauciones” que establece la normativa de protección de datos, por lo que “hemos de ser informados de hasta qué punto se van a anonimizar nuestros datos ya que no contamos con ningún sistema para poder adivinarlo”. En este sentido, es muy “interesante” el trabajo que “está haciendo” la Agencia de Protección de Datos, ya que “anima a las instituciones, a través de un procedimiento llamado ‘K-Anonimidad’, a anonimizar con todas las garantías”.

CONSENTIMIENTO Y TRANSPARENCIA

Serrano matizó que el consentimiento y la transparencia son “fundamentales” para garantizar los “derechos de los usurios”, pero hay que tener en cuenta que son aspectos que estaban “inicialmente pensados” para otro tipo de tratamiento más “sencillo” que el big data: “No es que no sean válidos, pero son insuficientes porque, en el tratamiento de big data, es posible que el consentimiento inicialmente prestado para una finalidad pueda diluirse durante el proceso de reutilización de la información”. En este sentido, la experta concretó que “cuando entramos en una página web, aceptamos la política de privacidad sin haberla leído, y estamos dando un consentimiento sin conocer las políticas de privacidad, por lo que hay que reforzar las medidas de seguridad, pero también hay que incidir en la responsabilidad de los ciudadanos y poner todas las medidas necesarias para garantizar el manejo legal de la información”.

Según Fernández Aller, la “ciberética” es una “nueva disciplina” que surge como espacio de “conocimiento y reflexión entre la informática y la ética. Estamos en la cuarta revolución industrial, en plena transformación de la sociedad digital, con una gran cantidad de dilemas éticos que están surgiendo como consecuencia de la utilización de la tecnología”.  Por ello, la ciberética se ha convertido en un “ámbito de especialidad” en el que los “filósofos” se están concentrando mucho. Los problemas ciberéticos están “aumentando” a gran velocidad: “Hay están los casos de Cambridge Analytica, Snowden, o los episodios de vigilancia masiva en Estados Unidos”.

Serrano señaló que la “portabilidad” tiene una “incidencia muy directa” en el derecho a la protección de datos, ya que esta protección “garantiza” que cada ciudadanos tiene derecho a controlar el “manejo y uso de su información personal”; con el derecho a la portabilidad se está garantizando ese “conocimiento del manejo y del uso” de los datos de carácter personal, porque “cuando decido dejar de recibir un servicio, tengo derecho, a través de la portabilidad, a llevarme mis datos. Desde el punto de vista económico, el derecho a la portabilidad está garantizando el libre mercado digital de los datos”.

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